HISTORIA CLUB LOS CÓNDORES

El Club Los Cóndores nace de la necesidad de un grupo de deportistas de tiro de regularizar su actividad conforme a la Ley de Control de Armas N.º 17.798 y la Ley del Deporte N.º 19.712.

Tras el cierre de las escuadrillas de Vuelo y Tiro Deportivo del Club Águilas Blancas, producto de un problema administrativo, quedamos sin el respaldo institucional necesario para mantener nuestra documentación vigente. Frente a esta situación, decidimos fundar el Club Los Cóndores, con el fin de dar continuidad a nuestra práctica deportiva de manera formal y regularizada.

Historia del Polígono de Parque Carén

 

Un hito fundamental en nuestra historia fue la obtención del primer convenio con Parque Carén, gestión que se concretó gracias a la valiosa intermediación de la entonces Ministra del Deporte, Sra. Cecilia Pérez Jara, quien presentó nuestra solicitud ante la Fundación para la Administración y Desarrollo Tecnológico del Predio de la Universidad de Chile en el Valle de Lo Aguirre. Fue así como logramos firmar un convenio por cinco años, suscrito junto al Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación, Sr. Luis Zaviezo Schwartzman.

En la fotografía de la derecha se puede apreciar el primer lugar asignado al club, por el parque Carén.

Los planos fueron donados por el Arquitecto Sr. Mario Claudio Basualdo Misto, deportista del tiro deportivo y constructor de muchos polígonos en Chile.

Después de un largo camino de gestiones y espera, finalmente llegó el momento tan anhelado: en el tercer lugar asignado por el Parque, tuvimos la oportunidad de comenzar a construir lo que por tanto tiempo habíamos soñado. No fue un proceso sencillo, pero la perseverancia y el compromiso de quienes formamos parte de este club nos permitieron ver, poco a poco, cómo ese sueño empezaba a tomar forma real.

Así, dimos inicio a la construcción de nuestras instalaciones, comenzando con el movimiento de tierra en este nuevo emplazamiento, que sería —esta vez sí— el lugar definitivo para el desarrollo de nuestro club. Cada metro removido representaba no solo un avance físico en la obra, sino también un paso más hacia la consolidación de un espacio propio, pensado para el crecimiento y la proyección de nuestra actividad deportiva a largo plazo.

Este momento marcó un antes y un después en nuestra historia institucional, ya que, tras haber transitado por distintas ubicaciones provisorias, por fin contábamos con un terreno estable donde proyectar el futuro del Club Los Cóndores.

Con el terreno ya definido, dimos un nuevo paso importante: iniciamos la construcción de la primera cancha de 50 metros del Polígono. Este avance representó el resultado de años de esfuerzo y trabajo en equipo de todos quienes creyeron en este proyecto.

La construcción de esta primera cancha marcó el inicio del desarrollo de nuestra infraestructura deportiva, cumpliendo con los estándares técnicos y de seguridad necesarios para la práctica del tiro. Con este avance, el Club Los Cóndores dejaba atrás la provisionalidad y comenzaba a consolidarse como una institución con un espacio propio, donde sus socios y deportistas podían entrenar y competir con normalidad.

En esta etapa, el Club Los Cóndores recibió una importante donación de parte de Leonardo Rodríguez, gesto que fue recibido por el socio Dennis Kennedy en representación de la institución. Este aporte se transformó en un impulso significativo para el avance de nuestro proyecto.

Con el talud ya listo, dimos inicio a las obras de infraestructura, marcando un nuevo avance concreto en la construcción de nuestras instalaciones y acercándonos cada vez más a contar con un polígono acorde a las necesidades de nuestros socios y deportistas.

Como suele ocurrir en este tipo de proyectos, también enfrentamos dificultades. Un invierno particularmente lluvioso volvió a poner a prueba nuestras instalaciones, provocando nuevamente una inundación en el sector. Frente a esta situación, se nos asignó un nuevo acceso al Polígono, lo que nos permitió replantear la forma de enfrentar este problema recurrente.

Fue así como debimos reparar la cancha, incorporando una pendiente que permitiera una adecuada evacuación del agua. Este ajuste, fruto de la experiencia y la necesidad, se convirtió en una solución práctica que fortaleció la infraestructura del club y nos preparó de mejor forma para enfrentar futuras temporadas de lluvia.

Con el nuevo acceso ya asignado, comenzamos la construcción del camino que nos permitiría llegar de forma adecuada al Polígono. Este trabajo se sumó a los avances que ya habíamos logrado en materia de infraestructura, reafirmando el compromiso de nuestros socios con el desarrollo del club.

Sin embargo, los primeros caminos de acceso que habíamos construido debieron ser abandonados, ya que las intensas lluvias de ese año provocaron nuevas inundaciones que hicieron imposible mantenerlos en uso. Una vez más, el clima se convirtió en un desafío para nuestro proyecto, obligándonos a adaptar nuestras soluciones y buscar alternativas más resistentes a las condiciones del terreno.

Una vez terminado el camino de acceso, dimos paso a una nueva etapa de mejoras: la instalación del baño, el cual fue afianzado sobre durmientes para garantizar su estabilidad y correcto funcionamiento. Este avance representó un paso importante en materia de infraestructura básica, pensando en la comodidad de nuestros socios y deportistas.

Para asegurar el suministro de agua necesario, se instalaron dos estanques de mil litros destinados al uso del baño. El abastecimiento de estos estanques se realizó a través de un camión aljibe, que se encargó de llenarlos con agua, permitiendo así contar con un servicio funcional y autónomo dentro de nuestras instalaciones.

Como parte del proceso de regularización de nuestras instalaciones, procedimos a marcar los polígonos para la correspondiente inspección de IDIC, trabajo que incluyó la delimitación precisa de la línea de tiro de las canchas. Cada puesto de tiro fue definido conforme a las medidas exigidas por la normativa vigente, de 1,60 por 2,50 metros, asegurando así el cumplimiento de los estándares técnicos y de seguridad requeridos.

Con todo preparado, recibimos la visita de IDIC para realizar la inspección correspondiente. Tras la revisión del BDP, los resultados fueron favorables: la evaluación general resultó satisfactoria, aunque se nos indicó la necesidad de aumentar la altura del talud en 1,50 metros, ajuste que asumimos como parte natural del proceso de perfeccionamiento de nuestras instalaciones.

Con gran esfuerzo colectivo, todos los socios se abocaron a terminar el talud, logrando completar la altura adicional de 1,50 metros exigida, la cual se sumó a los 4,5 metros ya existentes, esta vez trabajados en madera. Este avance reflejó una vez más el compromiso y la disposición de nuestra comunidad para cumplir con cada uno de los requerimientos técnicos de nuestras instalaciones.

Paralelamente, se realizaron labores de inventario, ordenando y registrando los elementos y materiales del club, con el fin de mantener un control adecuado de nuestros recursos.

A este período se sumó también una nueva donación, esta vez de una reja, aporte que contribuyó a fortalecer la seguridad e infraestructura de nuestro Polígono.

Pensando en la seguridad de todos quienes transitan por el sector, se instaló un lomo de toro junto a un disco Pare a la salida del acceso del Polígono, en el tramo correspondiente al camino pavimentado. Esta medida se sumó a las mejoras de infraestructura ya realizadas, reforzando el compromiso del club con la seguridad vial dentro y fuera de nuestras instalaciones.

La importancia de este disco Pare

Esta señalización cobra especial relevancia debido a que, por el camino pavimentado, entrenan habitualmente paraciclistas y otros deportistas, quienes requieren de condiciones seguras para su desplazamiento. Asimismo, es importante recordar que por los caminos de tierra no se puede exceder una velocidad de 20 km por hora, ya que nos encontramos en un entorno rural donde es posible encontrarnos con visitas inesperadas, como caballos u otros animales propios del campo.

Por estas razones, el respeto a esta señalización no solo es una norma más, sino una muestra de responsabilidad y cuidado hacia quienes comparten con nosotros este espacio.